Economía con identidad y amor

William Ochoa y Milton Cáceres - Dinamizadores messe-SUR

Hablar sobre economía social y solidaria nos lleva a dos sentimientos encontrados: vergüenza y honor. Vergüenza porque recién en 2008 nuestros políticos reconocieron a la economía social y solidaria como un eje substancial para lograr el desarrollo del país, y por tanto dieron la razón a la estructura sociopolítica de la economía ancestral que practicaban y practican hasta hoy nuestras comunidades; vergüenza porque a más de quinientos años de dominación occidental y capitalista en Amerindia ahora sabemos que la gestión económica es y debe ser siempre social y solidaria, como lo ejercen nuestras comunidades de los pueblos y nacionalidades.

 

La Constitución de la República en su artículo 283, proclama que la economía es social y solidaria, y por tanto dejamos atrás el modelo neoliberal de que solo la empresa privada (léase: los grandes capitales ecuatorianos y extranjeros), es la que da vida a la sociedad. Nada más falso creer que las empresas pueden ser solo públicas, privadas o mixtas. Desde siempre estuvo latente una economía comunitaria y colectiva que ha permitido la supervivencia de la mayoría de los ecuatorianos y ecuatorianas, y hablamos de las formas asociativas y comunitarias de producción de bienes, la prestación de servicios  y saberes, y la intermediación financiera, que nunca quebraron ni perjudicaron con su cierre a otros sectores poblacionales del país, como sí lo hicieron algunas empresas fabriles, otras falsas cooperativas y hasta la misma banca privada hace apenas unos años, con la complicidad del Estado, cuyas consecuencias hasta hoy sufrimos. Esa economía popular, que erróneamente las llamamos micro o pequeñas empresas, MyPES, MYPIMES, etc., es la que ha sustentado la vida de nuestros pueblos.

 

Decimos que economía social y solidaria es la convivencia entre personas y naturaleza que satisface las necesidades humanas y garantiza el sostenimiento de la vida, con una mirada integral, mediante la fuerza de la organización, aplicando los saberes y las prácticas ancestrales para transformar la sociedad. Es una convivencia entre personas y naturaleza, porque la humanidad no puede estar divorciada de la naturaleza, nosotros no estamos fuera de la naturaleza, somos parte de ella, y por tanto esta convivencia satisface las necesidades humanas, pero también garantiza el sostenimiento de la vida, entendiendo por ello la supervivencia de la naturaleza de la que formamos parte. Por ello es que decimos que también es integral, porque miramos el conjunto, no solo los intereses mezquinos de lo “humano”, del capital frente al trabajo. Y esta relación hombre-naturaleza solo es posible si lo hacemos en forma organizada, si trabajamos como colectivos, en donde la sabiduría ancestral y los conocimientos hasta ahora heredados, que respetaban la naturaleza, lo aplicamos para un nuevo ordenamiento social. Esta definición abarca todos los elementos de las relaciones económicas que venimos sustentando quienes de una u otra manera nos encontramos relacionados con esta práctica.

 

Al margen de la teoría, notemos cómo se demuestra en la realidad la economía social y solidaria; o lo que es lo mismo: cuáles son las formas de gestión de la economía social y solidaria. Podemos expresar que un emprendimiento o empresa de este nuevo tipo es tanto el negocio familiar, el vecinal, el comunitario, el asociativo y cooperativo, y el ejercido por organismos de integración.

 

Es una empresa familiar aquella panadería, aquel emprendimiento textil, de la agropecuaria, de las artesanías, de servicios turísticos, etc., etc., prestados por los/as integrantes de una o varias familias, para el sustento de sus miembros que se involucran en el factor económico, o será vecinal o comunitario, como las cajas solidarias de ahorro y crédito, que promueven la producción y la supervivencia de su vecinos y comuneros. Y también observamos negocios o emprendimientos económicos de mayor magnitud, tanto productivos/financieros como de participación poblacional, que lo hemos denominado asociaciones o cooperativas de producción, de servicios, financieras o mixtas. Y no faltan aquellos negocios o emprendimientos económicos gestionados por entes federativos u organismos de integración, en donde varias sociedades de hecho o de derecho unen sus fuerzas para ser propietarios, trabajadores y usuarios a la vez de sus propias formas de producción y reproducción de la actividad económica a la que se dedican. Amén que la empresa privada es la única gestora de vida de las sociedades modernas.

 

 ¿Y qué diferencia un negocio privado de uno social y solidario? Podría engañarse a la sociedad, y ya lo han hecho, indicando que el capital “da” empleo, que la empresa privada es el motor del desarrollo, que los sin capital no podemos hacer “grandes” negocios. Podemos contestarles que el capital explota el trabajo pagando miserables sueldos porque con la plusvalía se engorda las “utilidades”, que el verdadero desarrollo es producto del trabajo de la población y que sí podemos hacer grandes negocios sin perjudicar a otros sectores ni a la naturaleza. La empresa privada con “función social”, nos dicen cierto sector de empresarios, es la alternativa social y solidaria, cuando intentan transformar a los emprendimientos populares en proveedores de materia prima de sus industrias, como sucede con la multinacional NESTLE, que compra la leche a asociaciones de pequeños ganaderos para transformar en productos industrializados; los pequeños ganaderos se han vuelto trabajadores a destajo, mal pagados por sus productos y sin derecho a las utilidades de la compañía.

 

Cuatro características básicas detectamos para calificar a un emprendimiento dentro de la economía social y solidaria, a saber:

 

  1. La búsqueda de la satisfacción de las necesidades comunes de sus miembros, especialmente las básicas de autoempleo y subsistencia; por tanto, los socios son a la vez trabajadores o consumidores de la actividad económica que realizan. No puede haber un grupo de personas que sean propietarias del negocio, mientras otras sean las que trabajen, como sucede en la empresa privada. Un negocio de economía solidaria busca que sus miembros en común trabajen para su propia subsistencia.

 

  1. Ausencia de ánimo de lucro o enriquecimiento individual en base al trabajo de terceros; por tanto, en la producción de bienes o en la prestación de servicios y saberes, no pueden haber trabajadores contratados más de un 20% del total de los socios/as, siempre que se justifique técnicamente su necesidad. No debemos olvidar que el lucro solo se obtiene con la apropiación de la plusvalía que genera el trabajo al producir bienes o prestar servicios, y si bien el deseo de todos es obtener ganancias, éstas deben ser sobre todo en base al trabajo propio. Muchas son las empresas en las que el socio/a capitalista también trabaja en él, pero la rentabilidad de su negocio no se debe a su propio trabajo sino a la plusvalía que general el trabajo de los/as demás. Esto no es marxismo, es simplemente ley de la economía.

 

  1. Prevalencia del trabajo sobre el capital, y de los intereses colectivos sobre los individuales; por tanto, los socios tienen iguales derechos y obligaciones en la sociedad, y las decisiones se toman en consideración a las personas que la integran y no al capital invertido. En los negocios de economía social y solidaria no importa cuánto capital haya invertido una persona, como sucede en las empresas societarias, para establecer el quórum para sesionar o tomar las decisiones empresariales, aquí lo que importa es el trabajo del socio, medible bajo cualquier fórmula que se quiera, y a veces solo en su calidad personal de “socio-trabajador”.

 

  1. Irrepartibilidad de las reservas, excedentes o utilidades, esto último excepto para los trabajadores contratados; por tanto, las reservas, excedentes y utilidades son reinvertidos en la misma actividad económica y en proyectos de beneficio a la comunidad, el desarrollo territorial o la naturaleza. Y nótese que una empresa social y solidaria sí busca rentabilidad económica, con la diferencia de que el destino de los excedentes están orientados socialmente a crecer como colectivo inmerso en un entorno poblacional inmediato.

 

Cuando cumplimos estas cuatro características, podemos decir que estamos dentro de la economía social y solidaria. Y en nuestra realidad nacional, son miles los emprendimientos de esta naturaleza que hasta ahora funcionan, no siempre formalizados bajo alguna figura jurídica. Por ello nuestra propuesta es siempre que se reconozca este legado histórico de la sabiduría en materia de economía de nuestros pueblos ancestrales.

 

Como el corazón, que no se ve pero que se le siente profundamente en la vida de la naturaleza toda, la economía social y solidaria es y ha sido siempre aquel proceso productivo que mueve la existencia de los colectivos humanos, como néctar que permite la supervivencia de seres vivos, aún en medio de aquella economía que acapara y que lucra con la vida, que desperdicia mientras otros tienen hambre. Por ello, la economía de la vida no puede ser de unos pocos y para unos pocos, es una economía social y solidaria.

 

Precisamente por este estado latente de la economía, no visualizada por quienes solo les lleva el afán de enriquecimiento privado, es que nace un colectivo social que intenta consolidar una  nueva visión de la sociedad y de la vida. Se trata del Movimiento de Economía Social y Solidaria del Ecuador, messe, un colectivo no partidista pero sí político como toda actividad social humana, que busca visualizar, posicionar e incidir en el contexto nacional para instituir un verdadero régimen social y solidario en la economía de nuestros pueblos. En el messe estamos todas/os quienes compartimos  bienes, servicios y saberes, con identidad y amor.

 

messe se escribe con minúsculas, no porque seamos pequeños, sino por modestia y humildad; pero lo hacemos con letras grandes, porque nuestra economía es grande, es la que está latente en la sociedad permite dar vida a las mayorías y no a unas minorías hambrientas de poder.

 

Más información http://www.messe.ec/