Biodiversidad

Fundación para la Biodiversidad

La Fundación Slow Food para la Biodiversidad nació en 2003 con el apoyo del Gobierno Regional de Toscaza; aunque forma parte de Slow Food, dispone de estatutos propios y de autonomía económica y administrativa; financia proyectos como el Arca del Gusto, los Baluartes y los Mercados de la Tierra; la sede oficial se halla en la prestigiosa Accademia dei Georgofili (Florencia).

Defiende proyectos del movimiento Slow Food cuyo objetivo es proteger la biodiversidad agrícola y las tradiciones gastronómicas en particular en países en vías desarrollo, donde la cuestión no es tanto la mejora de la calidad de vida, sino la supervivencia de poblaciones, comunidades y culturas.

De forma más precisa, apoya un modelo de agricultura sostenible y respetuosa con el medio ambiente, la identidad cultural y el bienestar de los animales, e insiste en el derecho de las comunidades a decidir qué producir y qué comer.

Esta organización con fines no lucrativos está financiada por donaciones de sus miembros, la industria alimentaria, organismos públicos, empresas privadas de otros sectores y por cualquier persona que desee apoyar los proyectos de Slow Food en el campo de la biodiversidad alimentaria.

Arca del Gusto

El Arca del Gusto se creó en 1996 con el propósito de tener un catálogo de productos alimentarios, describirlos y captar la atención del público sobre estos productos de todo el mundo (carne y pescado, fruta y hortalizas, platos tradicionales, quesos, cereales, pastas, pasteles y postres) estrechamente vinculados a comunidades y culturas específicas y que, desafortunadamente, están en peligro de desaparición.

La Comisión Científica del Arca se formó en Italia en 1997 y estableció los criterios de selección de productos. Los productos del Arca tienen que:

  • Ser de una calidad gustativa excepcional.
  • Estar vinculados a un área geográfica específica.
  • Ser producidos de forma artesanal y a pequeña escala.
  • Ser producidos con métodos sostenibles y justos.
  • Estar en peligro de extinción.

Más tarde se crearon Comisiones Nacionales del Arca, compuestas por investigadores, científicos y expertos en alimentación, en siete países: Estados Unidos, Alemania, Suiza, Países Bajos, Francia y España, fueron cronológicamente los pioneros.

Durante el Salón del Gusto de Turín en 2002 se creó la Comisión Internacional, compuesta por miembros de los distintos grupos nacionales; este organismo se encarga del proceso de selección en el mundo y también de escoger los productos del Arca en países que no poseen comisión o no poseen socios Slow Food.

Desde su creación el Arca ha protegido a más de 500 productos de todo el mundo: de la torta de ternera de Maastrich a las frutas umbu y babaçu de Brasil, las ostras de la Bahía de Delaware o el pan Kalakukko de Finlandia.

Con un trabajo de documentación minucioso, el Arca se propone ser una fuente de descubrimiento para quienes quieran conocer los mejores tesoros alimentarios del mundo.

Los Baluartes

Se trata de proyectos a pequeña escala para ayudar a productores alimentarios artesanales a conservar sus métodos de trabajo y sus productos tradicionales. Los Baluartes fueron concebidos por Slow Food en 2000 y son el brazo activo del Arca del Gusto.

Los Baluartes se basan en contextos geográficos locales específicos en el mundo. Las estrategias pueden variar en función del proyecto y del producto, pero sus objetivos son siempre los mismos, tanto si implican a un solo productor como a miles de personas:

  • Promover la producción artesanal.
  • Establecer con los productores un protocolo compartido sobre técnicas de producción y objetivos de calidad.
  • Garantizar un futuro viable a esos alimentos.

En Italia existen más de 200 Baluartes que protegen una gran variedad de productos: de la vaca Burlina de Venecia, cuya leche se usa para la elaboración del queso Grappa Morlacco, al pan de papas Garfagnana o al edulcorante natural siciliano, el manna, extraído de la corteza de dos tipos de fresnos.

Existen un centenar de Baluartes internacionales con los que el universo Slow Food ha ampliado la protección a casi 50 países: del arroz Bario del centro de Borneo a la vainilla Mannara de Madagascar, del café de las Tierras Altas de Huehuetenango de Guatemala al queso Osceypek de los montes Tatra de Polonia.

El campesino de la región de Chiapas (México), el pastor masai de Kenia, el último quesero de leche cruda del Reino Unido, el pescador de la isla de Robinson Crusoe en Chile, el cultivador de cacao nacional de Ecuador… son pequeños productores que tienen que enfrentarse problemas similares en todo el mundo: los Baluartes Slow Food les permiten desarrollarse de manera Buena, Limpia y Justa.

Los Mercados de la Tierra

Otra importante iniciativa de Slow Food es la creación de una red de «Mercados de la Tierra» donde los pequeños productores locales de alimentos pueden exponer y comercializar su producción.

En un Mercado de la Tierra los productos tienen que:

  • Ser de temporada y locales.
  • Ajustarse a los criterios «bueno, limpio y justo».
  • Venderse a precios razonables y transparentes.

La red de Mercados de la Tierra es un punto de encuentro ideal, propicio para el intercambio de experiencias e información entre productores y coproductores.

La Fundación Slow Food para la Biodiversidad anima a crear Mercados de la Tierra ofreciendo formación y apoyo técnico a los responsables de los mercados.

Mil Huertos en Africa

Slow Food se ha embarcado en un ambicioso proyecto: la creación de huertos con cada comunidad de Terra Madre en todo el continente africano y apoyarlos en el cultivo de regiones más sanas y sostenibles.

Muchas personas ya han contribuido con el proyecto a través de la adopción de un huerto. Entérate sobre los avances de esta iniciativa y sobre cómo puedes contribuir en el sitio de la Fundación.

www.slowfoodfoundation.org